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Rendijas de Luz (oneshot)

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Rendijas de Luz (oneshot)

Mensaje por Reika-chan el Dom Feb 06, 2011 3:47 am

Rendijas de Luz

—Una sombra desconocida, la huella del abandono.
La libertad fue arrebatada—
(Taion, The Gazzete)



________________________________________________________________________
Antes de que comienzen a leer me encantaria explicar los motivos por los cuales escribi estar historia: tenia como tarea escribir un cuento sobre la legalidad, justicia, pluralismo, etc, etc.; & etaba a punto de empezar a escribirlo cuando lei un tema en un foro acerca de la desafortunada historia de Junko.
Puesto que la historia encajaba perfectamente con mi tarea, decidi dedicarle un pequeño escrito a Junko. Y fues asi como concebí al idea de hacer este pequeño "fic". Traté de meterme lo mas que pude al personaje, y de apegarme a la historia, pero aun asi me di el lujo de cambiar algunas cosas, espero que no les moleste.
En fin, aqui les dejo mi pequeño escrito, espero que les guste...
_______________________________________________________________________




Observé los rayos de luz que se colaban entre las rendijas de mi estrecha prisión. Al tocarlos, pude sentir la deliciosa y confortable sensación de calor que inundaba mi cuerpo, y que me hizo estremecer. Quizá así debe sentirse un abrazo, pero ahora mismo no soy capaz de recordar que se siente ser abrazada por alguien. Encerrada en esa estrecha y fría celda, tan solo puedo recordar el dolor. Tal vez lo mejor será no recordar nada; vivir como una autómata, sin sentimientos y sueños, hasta que mi anhelado día de recuperar mi libertad llegue. O al menos, el día de mi muerte; ya que cualquier cosa era mejor que vivir así, tan solo aferrada a la esperanza de que quizás, solo quizás, pudiera salir de ahí. Aunque, muy en el fondo, sabía que ese día no llegaría jamás.

¿Por qué yo?

¿Por qué nadie responde?

¿Por qué nadie me ayuda?

Hasta donde sabía, yo no había hecho nada, al menos nada tan malo para merecer esto. Nada bastante malo para experimentar este sufrimiento, este dolor que invadía mi cuerpo y nublaba mi mente. Pero, desafortunadamente, no lo suficiente para hacerme olvidarlo todo. Eso sería imposible, es eso lo que hace tan insoportable este dolor, el hecho de que no puedes olvidarlo, ni dejar de sentirlo. Quizá tenga que soportarlo por el resto de mi vida.

El frío y despiadado roce del metal sobre mis frágiles y heridas muñecas me tortura lentamente e intento liberarme de él de nuevo. Pero al igual que las veces anteriores no obtengo resultado alguno, salvo lastimarme aún más, y hacer que un fino hilo de roja y tibia sangre escurra por mis manos.

Una temida voz me llama. Tiemblo al escucharla, pero obedezco. Si no lo hiciera, mi castigo sería peor, algo que hubiera creído imposible si no fueran ellos los que me mantienen cautiva.

Alguien me tomó del pelo, no me atreví ni siquiera a verlo, y empezó a lastimarme. Él y muchos otros, como un juguete sucio y roto sin valor alguno, como a una muñeca inútil e inservible; que me herían, al igual de como lo habían hecho día tras día desde aquel horrible momento en que me privaron de mi libertad.

Supliqué piedad, pero eso no sirvió de nada, salvo para que me hicieran más daño aún, como si fueran mis suplicas lo que los incitaba a seguir adelante con su tortura, invadiendo mi cuerpo y desgarrando mi alma. Pero aun así no podía evitar retorcerme de dolor, gritar y seguir suplicando por su compasión, aunque esto solo sirviera para que me hicieran más daño.

Una vez que terminaron conmigo, me dejaron extendida, humillada y rota en el suelo, mientras; las sucias y saladas lágrimas se escurrían por mis mejillas, en un intento de cerrar aquellas heridas que habían dejado tanto dolor en mi cuerpo como en mi alma, que me causaban ese sufrimiento tan insoportable e inhumano, que me veía obligada a aceptar para solo así seguir viviendo.

Ahora despierto y abro los ojos, y me doy cuenta de que nada fue un sueño. Continúo encerrada en esta cruel celda, sometida a las peores torturas que nunca en mi vida imagine. Aun a estas alturas, suplico para que esto sea un mal sueño. Que despierte y me encuentre con mi vida normal, ajena al sufrimiento y la desdicha que estoy viviendo ahora.

Una vida donde tenga un hogar.

Una vida donde tenga una familia.

Una vida donde pueda sonreír.

Una vida donde el sufrimiento no sea nada más que un sueño.

Y sobre todo:

Una vida donde pueda vivir.

Quizás esa vida nunca existió. Ahora apenas la recuerdo, tras el velo borroso de mi sufrimiento.

Las lágrimas surcan mi rostro una vez más. Desearía que esta vez fuera la última. Por que ninguno de ellos merece mis lágrimas.

Despierto una vez más. He perdido la cuenta de los días en los que he estado aquí atrapada. Quizá solo hayan sido unos cuantos, o quizás muchos; pero a mi me han parecido una eternidad. Los segundos, las horas y los días pasan lentamente, prolongando mi dolor.

Siempre pasa lo mismo. Todos los días. Todo el tiempo. Como una rutina horripilante y tortuosa, que se va haciendo eterna. Aunque haga todo lo posible por evitar ser castigada, ellos toman todo lo que hago como mal, buscando cualquier pretexto para hacerme más daño.

El sonido acompasado de las gotas cayendo al suelo me distrae un poco, bridándome aunque sea solo un poco de calma. A juzgar por la luz, apenas amanece o quizá este atardeciendo. Pero como ya lo he dicho antes, he perdido la noción del tiempo.

Escucho susurros detrás de la puerta. Un rayo de esperanza se cuela en este frio sótano.

Tal vez sea alguien dispuesto a ayudarme.

Tal vez sea mi salvación.

Tal vez pueda ser libre de nuevo…

O tal vez sean ellos.

Pero no es nada. Simplemente mi imaginación. Y me pregunto cuantas personas estarán conscientes de que me encuentro aquí, presa entre estas cuatro paredes, siendo cruelmente atormentada; mientras ellos simplemente me ignoran, y prefieren guardar silencio, temerosos de terminar con la misma suerte que yo.

Una herida que aún no ha sido cerrada me molesta. No estoy segura de poder soportar un día más; mi cuerpo ha sido herido y privado de lo indispensable, y mi mente ha sido torturada y debilitada al margen de la locura.

Quiero que todo termine pronto. He perdido mis esperanzas, ya no suplico por mi vida, si no por mi muerte, aquella dulce muerte que me dará mi anhelada libertad.

Escucho pasos. Escucho sus voces. Esta vez no lloraré, esta vez seré tan fuerte como sea posible. Acaso se compadezcan de mí y terminen con mi vida.

Un juego.

Esta vez ellos quieren jugar conmigo. Yo simplemente obedezco sus órdenes. A pesar de que no me es posible concentrarme en el juego, he ganado.

Y él se enfurece. Sus ojos salen de sus orbitas, completamente iracundo. A pesar de que me he prometido a mi misma no llorar, traiciono mi promesa. Me arrincono en el suelo, hecha un ovillo, y lloro esperando lo peor.

Y mi presentimiento se cumple. Él me toma del pelo de nuevo, completamente furioso, y me lanza al suelo.

Y me golpean. Como si no hubiese sido bastante, me rocían con un líquido helado que quema mi sucio y debilitado cuerpo.

No quiero saber más.

No quiero sentir lo que pasa después.

La luz pasa a través de las rendijas e ilumina mi rostro.

Y todo se desvanece, para no aparecer nunca jamás.

En memoria a Junko Furuta, muerta el 4 de enero de 1989
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Reika-chan
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